
La Danza de los Diablos es una de las pocas manifestaciones folklóricas presente en casi todos los países de América Latina; procedente de Levante, -costa mediterránea de España-, esta danza ha sufrido muchos cambios en cada país donde se realiza, tiene distinto significado, formas de celebrarlo, fechas, lugares, pero siempre tienen un fin común, la batalla entre el bien y el mal.
Estas transformaciones en la danza tienen mucho que ver con la región donde se realiza, por ejemplo en Panamá hay tres vertientes de diablos, los de Portobelo, los diablos Sucios y los diablos de Espejos, todos con distintas celebraciones, atuendos y bailes, y cada uno tiene características autóctonas de sus pueblos mezclado con la cultura Española y/o afroantillana. También encontramos en otros países como Venezuela están los diablos Yare; en Colombia, los diablos de Caldas; en Perú los diablos de Puno y de Cajabamba, en Bolivia los diablos de Oruro, en Chile los diablos danzantes…, y así en toda América.
Es importante resaltar que el diablo y sus acciones han sido símbolo de resistencia entre los pueblos afroamericanos. Aparece en máscaras, relatos, carrozas y disfraces. Desde tiempos coloniales, los misioneros que visitaron la costa pacífica afirmaban que los instrumentos musicales de los esclavizados eran el propio demonio y bailar al son de los mismos fue considerado como un acto satánico. Los bailes de los diablos son la manifestación más pura de nuestros ancestros y del legado que se resiste a desaparecer, es como la esencia misma del querer popular que se transmite de una generación a otra y que nos llama para que seamos parte de ella.
Cómo se llega a Dios a través del Diablo, parece ser el común denominador de éstas celebraciones, como tratando de explicar el porqué la expiación no existiría sin el pecado, donde se usa el nombre del diablo para purgar una sociedad en decadencia y no hacerlo en nombre del resto de los mortales, “no es nuestra culpa”, es la tentación, el escenario donde se han librado batallas tan viejas como la de Judas Iscariote al que preferimos quemar y señalar, como si su misión no hubiera sido necesaria; todo sea por nuestra redención; eso sí dentro de un año nos vestiremos de diablos nuevamente e imploraremos perdón. Que siga la fiesta.
| DIRECCIÓN | JOSÉ BENÍTEZ MURO |
| PRODUCCIÓN | LAURA JIMÉNEZ ALMENDROS |
| INVESTIGACIÓN Y GUIÓN | JOSÉ BENÍTEZ MURO |
| GUIONISTA | FERNANDO ORDUÑA |
| INVESTIGACIÓN | CRISTINA BARBERENA |
| EDICIÓN | ASTRID VILLANUEVA |
| FOTOGRAFÍA | TONI KUHN |
| MÚSICA ORIGINAL | EDUARDO GAMBOA |